
Concilio Eterno
09.03.2026

En el corazón del bosque existe una línea delgada donde la oscuridad y la luz se juntan sin mezclarse entre si. Es un núcleo dónde no hay espacio ni tiempo y solo está iluminado por los rayos de la luna.
Allí en alguna noche sin estrellas se encuentran dos seres para admirarse mutuamente. No es amor, es devoción y respeto por el otro.
Él ataviado de túnicas negras la espera con una calma milimetrada y casi glacial. Sus cabellos largos tan negros como la noche van al viento.
Sus brazos se juntan a su espalda como quien se posiciona para iniciar el combate. Pero no lo hay. Él espera paciente.
Y cuando el susurro del viento anuncia su llegada, ella entra al núcleo con sus cabellos de plata y sus ropajes etéreos de color bronce, caminando en silencio.
Sus miradas se unen para reconocerse y venerarse.

